Travesía Mocoretá - C. del Uruguay

El relato que se presenta a continuación trata sobre una travesía en kayak realizada por dos miembros de esta honorable fundación, Aníbal y Nico, entre los días 20 y 27 de Febrero de 2016. El raid (palabra utilizada por la Prefectura Naval Argentina para referirse a dicha travesía) se llevó a cabo en kayaks simples y se recorrió una distancia de más de 320 km por tres ríos de Argentina y Uruguay.

El 20 de Febrero había llegado. Nuestros kayaks estaban cargados en la camioneta de nuestro amigo Coco Elola​ y llegando a las 5:30 hs partimos desde Concepción del Uruguay rumbo a Mocoretá, en la Provincia de Corrientes. La aventura había comenzado.
Al arribar a la localidad Correntina, a las 8:00 en punto, nos encontramos con una camioneta de la Prefectura Naval Argentina (PNA) que estaba esperando por nosotros en la entrada del Pueblo. Nos guiaron hasta un desembarcadero, esperaron que carguemos nuestros bártulos a los botes y se despidieron cordialmente. alt

Como quien no quiere la cosa, estábamos remando en el Río Mocoretá, con su sinfin de curvas y contracurvas, bocas falsas y pastizales de más de 1 metro de altura. De pronto, el el río se abre asemejándose a un gran lago. - debe ser para este lado - dije mirando una delgada línea de árboles en el horizonte y confiando en una pequeña brújula china. Cuando las dudas y los bostezos se apropiaban de nosotros, apareció un semi rígido de la PNA que nos acompañaría a una distancia más que prudencial hasta el final de su jurisdicción, en la boca del Mocoretá.

Una vez adentrados en nuestro Río Uruguay, remamos aguas abajo por la costa argentina, apreciando las colinas y prados de los campos uruguayos en la costa de enfrente. Sobre continente argento, una antena marcaba lo que sería el destacamento de prefectura Santa Eloisa, allí nos observaban a través de unos binoculares dos prefectas que nos saludaron y preguntaron si nosotros eramos los "Raidistas"... - Si, somos los de la travesía en kayak -. Finalmente, dieron aviso de nuestro paso al próximo destacamento y continuamos nuestra marcha.

Caía el sol del agobiante día 1. A esta altura, ya habíamos remado unos 40 km bajo un sol que hacía hervir las aguas de los ríos Mocoretá y Uruguay al noreste de la Provincia de Entre Ríos. Nuestra única referencia era una foto tomada desde el celular a Google Earth a través a la pantalla de la computadora, el río hacía una curva a 90° y a lo lejos brillaban las luces de una ciudad que parecía ser Federación. - Estamos acá... vamos a parar en este lugar que está buenísimo!! - nos comunicamos con Prefectura Naval Argentina mediante un handy VHF que un amigo nos había prestado, confirmamos que nuestro estado de salud al momento era excelente, informamos que pasaríamos la noche en esta posición estimada y nos responden: están en "La Cueva del Tigre"...

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Luego de comer un asado y destapar el primer malbec, caímos rendidos hasta que los primeros rayos de sol nos despertaron. El día 2 había llegado, salimos temprano a encarar el cruce en diagonal de 12 km hasta la Ciudad de Federación. Por suerte, el viento estaba a nuestro favor y llegamos en 1 hora 30 al puerto, donde se encuentra el edificio de la PNA. Después de presentarnos y confirmar nuestra llegada, tomamos una Gatorade al mejor estilo Bilardo y continuamos nuestra travesía río abajo.

El próximo destacamento se encontraba en la Reserva Forestal Chaviyú, un paraíso ubicado a unos 17 km al sur de Federación. Allí bajamos a conocer el destacamento y el joven prefecto de guardia nos ofreció una botella de hielo! - sí!! hielo!! esto es oro líquido para nosotros!! - nuestro ánimo estallaba por las nubes a pesar del calor y el agobiante sol.

Continuamos remando río abajo escoltados por el guarda costas GC 160 de Federación hasta el límite de la jurisdicción. Al llegar allí, una lancha de PNA salió al cruce para saludarnos y darnos algunas indicaciones sobre cómo llegar a nuestro destino "Puerto Luis". Pensamos que no llegaríamos, pero nos dieron ánimo y nos dijeron que faltaba una hora más para llegar (mentira absoluta, todavía faltaba muuucho). Finalmente, después de una remada en el embalse de Salto Grande, que se asemejaba a remar en dulce de leche, llegamos a destino!

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Estabamos en CONCORDIA! Nuestro amigo José nos fue a buscar en su camioneta, cargámos los botes a su trailer y nos llevó hasta el camping "La tortuga Alegre", aguas abajo de la represa Salto Grande. Allí pasamos la noche en la playa y al día siguiente partimos rumbo a Puerto Yeruá, no sin antes hacer un acercamiento a la represa hasta el límite permitido. Todo el trayecto estuvimos acompañados por una lancha de la PNA que nos escoltó a una distancia prudencial hasta el puerto de Concordia. Decidimos parar a refrescarnos en la Costanera y al vernos llegar se acercó a conversar Don Uranga, un empleado municipal que hace travesías en Piragua, con el termo bajo el brazo y un buen mate cebado como corresponde, estuvimos charlando por casi una hora.

Después de recorrer unos largos 36 km llegamos a Puerto Yeruá, un pueblo más que pintoresco y que lo tiene todo... una iglesia frente a la plaza, un predio multieventos, una fiesta del Río, un hotel, un bar en la esquina y hasta una Av. Presidente Néstor Kirchner... Allí subimos una barranca hasta el destacamento de prefectura y dimos por finalizado el Raid (pero no la travesía!). Después de una buena siesta y de tomar agua de deshielo (prefectura nos volvió a regalar una botella de 2.25 litros de hielo!!), partimos en silencio río abajo, rumbo a la Meseta de Artigas (R.O.U.), pasando por "El Hervidero" y deteniéndonos a contemplar la meseta, el atardecer y la salida de la luna llena desde lo alto de una gran barranca que se encuentra 1 km antes del célebre monumento oriental.

Ya entrada la noche, arribamos al camping de la meseta, un lugar más que hermoso y muy bien cuidado. La gente que va a ese camping se queda por semanas y hasta meses, todos tenían carpas grandes y con todos los lujos (vimos carpas con aire acondicionado y al lado un equipo de fumigación profesional). Inolvidable será la amabilidad de los uruguayos, que nos trataron de 10, nos regalaron leña y nos calentaron el agua para el mate. Hicimos un guiso de lentejas para chuparse los dedos y salimos a tomar algunas fotos nocturnas del lugar. El día 3 finalizaba con la panza llena y el corazón más que contento!!

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Tempranito se empezaban a colar los rayos de sol entre las hojas de un Ñandubay. Me corrió el sol y el olor a humo que tenía de la noche anterior, me di una buena ducha y salí a caminar con la cámara de fotos bajo el brazo por el predio de la Meseta de Artigas.

Unas horas más tarde, después de suculento desayuno de galletitas y mate, zarpamos rumbo al Parque Nacional El Palmar. Minutos después de pasar por las islas dos hermanas siento un tirón seco en el pecho y segundos después escucho particular sonido de un dorado saltando a mis espaldas enganchado en el señuelo. Manoteo el 'emboyeré' que tenía en el chaleco y empiezo a traer despacito al bicho que no paraba de saltar y dar pelea.

La remada resultó más larga de lo pensado. - Che, Aníbal, me parece que me comí una hoja de la carta náutica... - El sol se hacía sentir y empezábamos a ver islas que desaparecían a medida que avanzábamos. Nos detuvimos a recorrer el Parque Uruguayo "Saladero Guaviyú" y unas horitas después, casi llegando a El Palmar, estábamos juntando leña para cocinar el "Pan del Agua" en la Bella y azotada por la correntada "Isla de Alda". Ahh, y un detalle no menor, salió con queso roquefort gratinado adentro!!

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El día 5 nos despertaba con un solazo en el Palmar, habíamos dormido al lado de los kayaks en una de las bajadas al río. Nos aprovisionamos de bastante agua y partimos a eso de las 7:30 aguas abajo sin siquiera desayunar. A las pocas horas, pasabamos la isla Pepeají, ya casi estábamos en el imponente pero asoleado Banco del Caraballo, hasta que pregunto: ¿Alguna vez fuiste a la Pipo? - (Una pequeña islita con muchos árboles y una playita en la cara oeste). - No, pero si está buena paremos ahí, descansemos, zafemos el sol del mediodía y a la tardecita salimos para las cascadas - me responde Aníbal. Y así fue...

Nos adentramos con carpuza a la República Oriental del Uruguay por las aguas del Río Queguay. La trepada nos llevó unas 6 horas arriba del kayak. Cuando el cansancio se hacía sentir en forma de contracturas, escucho la voz de Aníbal diciendo - Parece que estamos remando en el cielo - Las estrellas brillaban en el agua, la luna hecha un farol empezaba a asomar por el Este y los contornos de la costa duplicaban su tamaño por el reflejo en el río planchado. Cuando el Queguay se angosta, se empieza a escuchar la correntada como si fuera agua hirviendo saltando entre el roquedal y peinando los sarandíes.

Nos tomó bastante tiempo pasar los saltos, corría mucho y si tocábamos alguna piedra, preferíamos que fuera con cariño. Finalmente, a las 12 de la noche y después de remar casi 60 km, habíamos llegado al remanso de la última curva. Ya se sentía el imponente ruido rosa de las cascadas, pero todavía restaba cruzar el paso más difícil. Se veía bastante poco y la correntada daba miedo. Si cruzábamos, arriesgábamos mucho y el desembarco en las rocas se podía llegar a complicar. Decidimos buscar un lugar para pasar la noche, - acá hay un claro, parece estar bueno -. Una barranca de piedra y barro nos separaba de un tremendo lugarcito para armar campamento con mucha leña y sombra como para dormir hasta tarde. Atamos los botes a un árbol, bajamos los bártulos y celebramos el fin de la jornada con un Ampakama de la Cava...

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El sexto día fue casi de recreación, llegamos a las Cascadas, degustamos unos fideos al roquefort exquisitos y disfrutamos a pleno de este jacuzzi natural. Al llegar la tardecita, volvemos al campamento y Aníbal dice: - y si aprovechamos la noche y empezamos a volver? - al instante, empezamos a desarmar todo y a cargar los botes, al anochecer ya estábamos remando en el cielo nuevamente. Creo que nunca vimos tantas estrellas como desde ese recóndito lugar Uruguayo. Unas 5 horas después, a eso de la 1 a.m. llegamos a El Varillal, uno de los grandes bancos de arena ubicados en el canal secundario del Río Uruguay a la altura del Balneario San José. Dominados por el sueño y el cansancio, decidimos parar a comer y a descansar. Tiramos un toldo en el piso, picamos unas galletitas con paté y comimos el tan ansiado postre que paseamos más de 270 km: una lata de durazno al natural con dulce de leche. Minutos después, caía rendido en la bolsa de dormir.

4:00 a.m. un flash ilumina mi rostro y abro lentamente los ojos, se escucha un ruido y el suelo de arena parece vibrar. Se formó una tormenta eléctrica y estaba justos sobre nosotros. Me levanté y salí corriendo al tambucho de popa para sacar la carpa, la armé como pude mientras caían las primeras gotas y justo cuando terminé de armarla se largó un diluvio universal. Pasamos de la noche más estrellada a la tormenta más feroz que me tocó vivir en un viaje. Dormí como pude y a eso de las 9 de la mañana aflojó la lluvia. Aníbal aprovechó para salir a caminar y sacar algunas fotos mientras yo dije - duermo 20 minutos más y me levanto. A los 19 minutos, empieza a diluviar de nuevo, pero esta vez con fuertes vientos que rotaban por todos los ejes cardinales. Las estacas de la carpa comenzaron a saltar mientras desde adentro sostenía las varillas con pies y manos. Cuando podía miraba para afuera a ver cómo estaban los kayaks y veía rayos cayendo sobre los árboles de la isla. Estábamos regalados, sin reparo y éramos el punto más alto en todo el banco de arena.

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El séptimo día había llegado. A las 16:00 p.m. decidimos salir, derrotados por la humedad y el aburrimiento, desarmamos todo bajo la lluvia y salimos a remar. El viento no aflojaba y tuvimos que detenernos en la punta sur de la Isla Queguay. Armamos el toldo atado a unos árboles y tomamos unos mates debajo para calentar el cuerpo. Al rato, el viento pareció amainar y volvimos a salir. Paramos en la Isla Caridad a visitar a nuestro amigo Pedro y seguimos navegando con uno de esos atardeceres mágicos que nos regalan los viajes. Había nubes negra de tormenta en todos los horizontes, salvo donde caía el sol.

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A las 21:00 hs llegamos a Concepción del Uruguay y culminamos nuestra Travesía de más de 320 km por los ríos Mocoretá, Uruguay y Queguay. No saqué fotos este último día, dejé la cámara a salvo en el tambucho del kayak, pero sin dudarlo, creo que cada momento quedará para el recuerdo, la experiencia se transformará en aprendizaje y toda esta aventura no será más que la vida misma...

Relato: Nicolás Urquiza

Fotos: Anibal Noro - Nicolás Urquiza

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Actualizado (Sábado, 29 de Octubre de 2016 19:21)